El domingo 10 de mayo de 2026, Mohammadi fue trasladada de una prisión a un hospital en Teherán. Este cambio se produjo después de que las autoridades iraníes concedieran una «suspensión de la condena bajo una fianza elevada», permitiéndole ser tratada por su propio equipo médico en el Hospital Tehran Pars, según informó la Fundación Narges Mohammadi.
Su situación de salud ha sido crítica: tras un presunto ataque cardíaco, pasó diez días en la unidad de cuidados intensivos de Zanjan, en el norte de Irán, donde cumplía su condena actual. Su abogada, Chirinne Ardakani, detalló que la activista había perdido 20 kilos en los últimos cuatro meses y requería ayuda con un equipo de oxígeno para respirar.
El historial de represión y activismo
A lo largo de su carrera, Mohammadi ha sido víctima de severos abusos físicos y psicológicos, incluyendo golpes, simplemente por negarse a llevar el velo durante interrogatorios o audiencias judiciales. Según la Fundación Nobel, la activista ha sido arrestada en más de 14 ocasiones y ha sido sentenciada a un total de 31 años de prisión y 154 latigazos.
Su activismo político se intensificó tras las protestas de finales de 2017 y principios de 2018, cuando Mohammadi y otros 14 activistas convocaron un referéndum para determinar si el pueblo iraní deseaba mantener el actual sistema teocrático de gobierno. Más tarde, en el marco del primer aniversario de la muerte de Mahsa Amini, la activista calificó el 16 de septiembre de 2022 como el día en que «quedó registrada la opresión del gobierno religioso y autoritario contra las mujeres de Irán».
El 12 de diciembre de 2025, su libertad temporal fue detenida cuando fue sorprendida en un techo de automóvil cantando consignas en una ceremonia conmemorativa. Tras negarse a reconocer la legitimidad de los tribunales de la República Islámica, fue condenada a siete años y medio de prisión y dos años de exilio interno.
«Mohammadi había dicho que solo comparecería ante el tribunal si el proceso era público y si podía llevar la ropa que eligiera.»
La trayectoria de la activista, que nació el 21 de abril de 1972 en Zanjan, la llevó a participar en campañas electorales desde 1997, época en la que se casó con el activista Taghi Rahmani. Su trabajo con el Centro de Defensores de los Derechos Humanos (DHRC) la consolidó como una voz clave en la defensa de los derechos de las mujeres y minorías en Irán.
Su hermano Hamdireza, residente en Noruega, expresó su preocupación, afirmando que no tenía «ninguna duda de que el régimen ha decidido deshacerse de personas como Narges y otros activistas».
A pesar de los riesgos, la imagen pública de Mohammadi ha mantenido un tono de resistencia pacífica. Con frecuencia, se la ha visto bailando o cantando en ceremonias conmemorativas, manteniendo viva la exigencia de justicia para las mujeres iraníes.
Mohammadi y otros cinco activistas iraníes también instaron a la ONU a tomar «medidas inmediatas y decisivas» para que la República Islámica detuviera el enriquecimiento de uranio y los ataques militares de ambas partes tras la guerra de los 12 días con Estados Unidos e Israel de junio de 2025.