Trump viajará a China tras posponer su visita en marzo, un momento en que el mundo enfrenta una crisis energética debido al bloqueo en el Estrecho de Ormuz. Este bloqueo, que ha mantenido el paso marítimo casi cerrado desde principios de marzo, interrumpe el suministro mundial de cerca del 20% del petróleo. Además, las negociaciones de paz entre Washington y Teherán se encuentran en un punto muerto, y las disputas comerciales entre ambas potencias siguen latentes.
Ante este escenario, ambos países tienen un fuerte incentivo para que la reunión de sus líderes sea un éxito, pues ni Trump ni Xi desean perder prestigio. El científico político Chu Yin, del think tank Pangoal, señaló que Trump necesita urgentemente buenas noticias en el ámbito de la política exterior, ya que sus índices de aprobación están bajos antes de las elecciones de mitad de mandato en noviembre.
La tensión sobre Taiwán y el principio de una sola China
El tema del estatus legal de Taiwán es considerado una línea roja absoluta para Beijing. China considera a Taiwán una provincia separada de la República Popular China (RPC), fundada por Mao Zedong en 1949. Sin embargo, la isla opera bajo la constitución de la República de China (ROC), establecida en 1912. Beijing insiste en que solo existe una China y que Taiwán forma parte de ella, basando su postura en el «Principio de una sola China». Aunque el Acta de Relaciones de Taiwán (Taiwan Relations Act), una ley federal estadounidense de 1979, autoriza al gobierno de EE. UU. a proveer armas defensivas a Taiwán, China mantiene su postura de que solo el gobierno de Beijing es legítimo.
“Jimmy Lai — causó muchos problemas para China. Intentó hacer lo correcto. No tuvo éxito, fue a la cárcel, y la gente desearía que estuviera fuera, y yo también quisiera verlo fuera,” declaró Trump sobre el magnate mediático de Hong Kong, condenado a 20 años de prisión por una ley de seguridad nacional draconiana impuesta por Beijing.
En cuanto a la defensa y la diplomacia regional, Trump comunicó a los periodistas que discutiría el apoyo de EE. UU. a Taiwán con el presidente Xi. Por su parte, el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, expresó su preocupación por la guerra en Irán y manifestó que China apoya el uso pacífico de la energía nuclear por parte de Irán para fines civiles. Los sistemas de armas son otro punto de fricción: en diciembre, Trump aprobó la venta más grande de sistemas de armas a Taiwán por 11.100 millones de dólares. Sin embargo, la entrega de este material aún no ha avanzado, y un paquete adicional de 14.000 millones de dólares espera la aprobación de Trump. Más recientemente, el parlamento taiwanés aprobó la compra de 25.000 millones de dólares en equipo militar. La complejidad de la situación exige un esfuerzo diplomático. Peter Qiu, fundador del Center for Globalization, sugirió que Estados Unidos necesita el apoyo de China en la guerra de Irán, lo que podría darle a Beijing cierta influencia para desviar la atención de Taiwán. Además, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, visitó China la semana pasada, reforzando el interés regional en la estabilidad del Estrecho de Ormuz.