En 1966, Mao Zedong ordenó una campaña nacional para purgar elementos considerados contrarrevolucionarios, influencias capitalistas y pensamiento burgués en el gobierno, la educación y el arte. La Revolución Cultural, que oficialmente duró hasta 1976, transformó completamente la sociedad china y dejó profundas huellas políticas y culturales que aún siguen presentes en el país.
Mao Zedong llegó al poder en 1949 tras derrotar a las tropas nacionalistas del Kuomintang e instaurar la República Popular China, inspirada en el marxismo. Tras siglos de dinastías imperiales, China había entrado en el siglo XX con un profundo atraso económico y marcada por las invasiones de potencias extranjeras. Las desigualdades entre ricos y pobres, entre el campo y la ciudad y entre hombres y mujeres eran enormes.
Mao Zedong lanzó en 1958 el llamado Gran Salto Adelante, un ambicioso programa destinado a industrializar rápidamente la economía agraria china y alcanzar a Occidente en pocos años. La agricultura fue colectivizada y se impusieron objetivos considerados inalcanzables junto con erráticas políticas económicas que terminaron siendo contraproducentes.
En 1965 comenzó a preparar su regreso político señalando a dirigentes como Liu Shaoqi y Deng Xiaoping (quién fue destituido y enviado a trabajar en una fábrica de tractores) como «seguidores del capitalismo», una acusación extremadamente grave dentro de la retórica comunista china. El 16 de mayo de 1966, Mao Zedong promulgó una directiva destinada a deshacerse de sus oponentes políticos y, al mismo tiempo, revitalizar ideológicamente a la sociedad.
La campaña se dirigió contra lo que el régimen llamó los «Cuatro Viejos»: las viejas ideas, la vieja cultura, las viejas costumbres y los viejos hábitos. Los guardias rojos recorrieron China con el objetivo de destruir las tradiciones consideradas incompatibles con la revolución. Maestros, intelectuales y personas señaladas como enemigas del Estado eran sacadas de sus casas, atadas, interrogadas, humilladas públicamente y golpeadas, a veces hasta la muerte.
Durante casi una década las universidades quedaron paralizadas y los hospitales funcionaron parcialmente. También fueron destruidos templos, tiendas, viviendas, libros y gran parte del patrimonio cultural chino. La violencia alcanzó también a familias comunes: Xia recuerda que sus padres trabajaban para una empresa estatal en una pequeña localidad de la provincia de Jiangsu.
En el año 1968 el movimiento se había salido de control y China estaba inmersa en un ambiente de violencia y caos que algunos comparaban con una guerra civil. Se estima que cientos de miles de personas murieron en purgas y luchas de poder. Mao Zedong terminó concluyendo que la situación era insostenible y decidió frenar a la Guardia Roja.
La Revolución Cultural fue uno de los episodios más oscuros de la historia de China, con profundas consecuencias políticas y culturales que aún se sienten en el país hoy en día.