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Comunidades latinoamericanas implementan estrategias de conservación marina

Diversas comunidades costeras, científicos y organizaciones en Latinoamérica implementan estrategias de conservación marina para restaurar ecosistemas críticos como arrecifes, manglares y bosques submarinos. Estas iniciativas buscan mitigar las amenazas ambientales mediante la recuperación de especies y el desarrollo de prácticas sostenibles.

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Pescadores artesanales en el norte de Chile utilizan líneas de cultivo para reinventar sus oficios y contribuir al manejo sostenible de los recursos oceánicos. Foto de: Cristián Sepúlveda

En Chile, pescadores artesanales del norte están transformando su relación con el mar al sustituir la extracción intensiva por el cultivo de ostras, ostiones y piures en granjas marinas. Este modelo, que ha demostrado resiliencia incluso ante desastres naturales como tsunamis, se posiciona actualmente como una alternativa viable para el futuro de la pesca artesanal en la zona.

En el Caribe mexicano, un grupo de científicas lidera la reproducción de corales mediante la recolección de óvulos y esperma en el mar. Este proyecto ha permitido crear bancos genéticos y capacitar a más de 200 personas de 23 países en técnicas de reproducción coralina para restaurar los arrecifes dañados.

En Pucusana, la Universidad Científica del Sur impulsa un innovador proyecto de reforestación marina mediante la siembra de sargazo. Esta macroalga es fundamental para la biodiversidad y la pesca artesanal, permitiendo que las poblaciones de peces regresen a los bosques submarinos locales.

Acciones comunitarias y técnicas ancestrales

En la isla Apiao, en Chiloé, se preservan los «corralitos de pirenes», muros de piedra construidos por comunidades indígenas para recolectar huevos de peces de forma sostenible. Estas estructuras no solo alimentan a las familias, sino que fomentan la biodiversidad al permitir el crecimiento de moluscos y algas bajo ciclos naturales de reproducción.

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En México, la creación de 32 zonas de conservación ha permitido que poblaciones de pulpos, langostas y meros vuelvan a crecer en áreas donde se prohíbe la pesca. En Zapotitlán, una reserva comunitaria de 24 hectáreas de mar y dos kilómetros de arrecife ha logrado recuperar especies críticas como el mero goliat y el róbalo.

La protección del Sistema Arrecifal Mesoamericano cuenta con un esfuerzo científico sin precedentes donde actores de cuatro países monitorean simultáneamente el segundo arrecife más grande del mundo. Este seguimiento es vital para generar información clave sobre la salud del ecosistema y la gestión de las áreas protegidas.

«Si no hay monitoreo, no sabes lo que sucede en el sistema, pierdes la cuenta, pieres la historia»

Estas iniciativas demuestran que la conservación marina en Latinoamérica depende de la combinación entre el conocimiento científico y el compromiso activo de las comunidades locales para enfrentar las amenazas actuales.


Redaccion basada en reportes de Mongabay Perú. Ver fuente original.

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