Ciencia usa IA para descifrar diversidad oscura de insectos en Panamá
En la Isla Barro Colorado, en el Canal de Panamá, la ciencia está utilizando la inteligencia artificial para descifrar la «diversidad oscura» de sus insectos. Este esfuerzo busca catalogar la inmensa vida que, hasta ahora, ha permanecido sin nombre científico.
Investigadores realizan una estación de investigación científica en Isla Barro Colorado, Panamá, para estudiar la biodiversidad local. Foto de: Smithsonian Archives
La Isla Barro Colorado (BCI) es un santuario natural de 1560 hectáreas, nacido de la inundación del río Chagres en 1914. A pesar de ser un ecosistema de laboratorio vivo y altamente estudiado, la ciencia aún no ha logrado nombrar la vasta diversidad de especies de insectos que habitan el lugar. Según Yves Basset, entomólogo de renombre internacional, el 60% de los insectos recolectados en la isla carece de un nombre científico registrado.
Ante este reto, los científicos están mezclando la entomología tradicional con herramientas de alta tecnología. Si bien métodos como las trampas de luz o la trampa Malaise son efectivos para la captura, su clasificación manual es un cuello de botella logístico. Por ello, los investigadores recurren a técnicas avanzadas como el metabarcoding de ADN, que permite leer el «código secreto» de un insecto al analizar una pequeña muestra de su pata.
Tecnología para mapear la vida oculta
Imagen ilustrativa: Isla Barro Colorado en el Canal de Panamá Foto: commons.wikimedia.org
Para acelerar el proceso, se utiliza una tercera herramienta: la «sopa de ADN», donde una máquina superinteligente lee los códigos genéticos de muchos insectos simultáneamente. Gracias a esta capacidad, se ha descubierto que en una sola hectárea de bosque en BCI pueden residir hasta 10.000 especies de insectos diferentes. Además, se empleó el sistema AMI (Automated Monitoring of Insects), una sábana blanca con luces UV y una cámara 4K que atrae a polillas sin dañarlas.
«Si la IA busca en la web, no encontrará nada de estas especies porque no tienen nombre; no existen para la ciencia. Gracias a estos ojos digitales, finalmente están empezando a existir»
Este monitoreo con inteligencia artificial, entrenada para detectar píxeles y extraer características como la venación de las alas, permitió al equipo canadiense de Maxim Larrivée descubrir que una cuarta parte de las polillas fotografiadas eran especies desconocidas. El esfuerzo es un ejemplo de colaboración intersectorial, alianzas que buscan transformar el miedo a los insectos (entomofobia) en asombro (entomofilia).
Los insectos son considerados piezas angulares para el equilibrio de los ecosistemas globales, actuando como termómetros ecológicos ultraeficientes. Comprender su declive es crucial, ya que estos pequeños seres son bioindicadores críticos del cambio climático y su pérdida amenaza servicios vitales como la polinización y las redes alimentarias.