Islamabad asume un papel protagónico en los esfuerzos de paz entre Estados Unidos e Irán, acogiendo conversaciones y actuando como intermediario entre las partes beligerantes. Para Pakistán hay mucho en juego, pues las autoridades consideran que la estabilidad en el Golfo está estrechamente ligada a los propios intereses económicos y de seguridad del país.
Sin embargo, un reportaje publicado en medios estadounidenses ha puesto en duda la neutralidad de Pakistán en el conflicto con Irán. Citando a funcionarios estadounidenses anónimos, CBS News informó que Pakistán permitió a Irán estacionar sus aviones en bases aéreas pakistaníes, protegiéndolos así de los ataques estadounidenses. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán respondió de inmediato calificando el informe de «engañoso» y «especulativo».
China ha animado abiertamente a Pakistán a ampliar su papel diplomático en el conflicto entre Irán y Estados Unidos. Según la agencia de noticias AFP, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, instó a Islamabad a «intensificar» los esfuerzos de mediación entre Irán y Estados Unidos y a ayudar a estabilizar la región, especialmente en torno al estrecho de Ormuz.
Pakistán corre el riesgo de ser objeto de crecientes críticas si fracasan sus esfuerzos por reactivar las conversaciones entre EE. UU. e Irán, especialmente después de haber asumido públicamente un papel de mediación destacado, según Michael Kugelman, investigador principal para el sur de Asia en el Atlantic Council.
El prestigio internacional también está en juego para Pakistán, pues sus representantes tratan de poner fin a un conflicto que afecta al mundo entero, pero al mismo tiempo enfrentan el peligro de dañar su reputación. «Con las conversaciones estancadas, las opciones de Pakistán son limitadas, ya que un mediador no puede obligar a dos partes profundamente recelosas a negociar», añadió Kugelman.
Pakistán mantiene relaciones de trabajo tanto con Estados Unidos como con Irán, pero cada movimiento diplomático corre el riesgo de generar recelos por una u otra parte. Los críticos en Washington se preguntan si Pakistán se muestra demasiado indulgente con Teherán, mientras que los funcionarios iraníes se mantienen cautelosos debido a los vínculos militares y estratégicos que Pakistán mantiene desde hace tiempo con Estados Unidos y Arabia Saudita.
Un paso en falso por parte de Pakistán también podría tensar sus relaciones con China o con los rivales de Irán en Medio Oriente. «Es probable que Pakistán siga intentándolo, pero las expectativas deben seguir siendo limitadas. Islamabad no está en condiciones de influir de manera significativa en las tensiones entre EE. UU. e Irán. Su papel principal es mantener abiertas las vías de comunicación cuando el diálogo directo se vuelve difícil», declaró a DW Fatemeh Aman, experta en relaciones Irán-Pakistán.
Las principales disputas entre Teherán y Washington —sanciones, seguridad regional y cuestiones nucleares— están fuera del alcance de la influencia de Pakistán. Al mismo tiempo, Pakistán se esfuerza por equilibrar sus relaciones con Irán, Estados Unidos y los Estados árabes del Golfo, lo que genera desconfianza en todas las partes. A medida que aumentan las tensiones, mantener ese equilibrio se vuelve cada vez más difícil.