La decisión de las empresas occidentales de reducir su dependencia de China, conocida como desacoplamiento o reducción de riesgos, ha generado una reacción regulatoria en Pekín. Aunque teóricamente China no puede impedir la desvinculación global, las autoridades han demostrado en la práctica que sí pueden ejercer un control. Este control se hizo evidente el mes pasado cuando las autoridades chinas bloquearon la adquisición de la startup de inteligencia artificial (IA) Manus, de fuertes raíces chinas, por parte de Meta, valorada en 2.000 millones de dólares (1.700 millones de euros).
Con estas nuevas normativas, Pekín advierte a gobiernos y compañías extranjeras sobre los riesgos de la desvinculación. Las autoridades chinas ahora tienen la capacidad de tomar represalias contra empresas que reubiquen sus fábricas en países como Vietnam o India, o que simplemente repatrien su producción. Además, estas compañías podrían enfrentar multas o ser incluidas en listas negras de las cadenas de suministro si cumplen con los controles de exportación o las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea (UE) contra entidades chinas.
Impacto de la presión China empresas occidentales
Esta creciente tensión se enmarca en los esfuerzos de la UE y EE. UU. por fortalecer sus cadenas de suministro desde la pandemia. Las disputas comerciales, aceleradas significativamente por los aranceles impuestos por Donald Trump a productos chinos en 2025, han precipitado la transición de la globalización a un sistema comercial más fragmentado y basado en bloques. En respuesta, la Comisión Europea publicó la Ley de Aceleración Industrial (IAA) para reducir la dependencia estratégica de Europa de bienes e inversiones chinos.
Esta lucha regulatoria coloca a las multinacionales, especialmente a los fabricantes de automóviles alemanes, en una posición difícil. Empresas como Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz, que dependen de producir una parte considerable de sus vehículos en China para exportarlos, se ven presionadas. Deben reducir su dependencia de componentes chinos, mientras compiten con el rápido crecimiento de los fabricantes chinos de vehículos eléctricos (VE).
«Podrían darse situaciones en las que las empresas se vean atrapadas entre las medidas regulatorias impuestas en Estados Unidos o Europa y en China, y que sea imposible cumplirlas todas»
Jens Eskelund, presidente de la Cámara de Comercio de la UE en China, describió los nuevos poderes de Pekín como una «caja de herramientas extraterritorial» que aumentará la complejidad del comercio mundial. Según Rebecca Arcesati, analista del Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICS), los líderes chinos han determinado que la mejor manera de asegurar su liderazgo nacional es volverse más autosuficiente. Este objetivo implica que el mundo dependa aún más de China para sus cadenas de suministro y tecnología.
A pesar de que el déficit comercial de la UE con China alcanzará los 360.000 millones de euros (424.000 millones de dólares) en 2025, la Unión Europea podría tener dificultades para mantenerse firme. Expertos advierten que, si se sigue aceptando la amenaza de China, los países europeos tendrán cada vez menos margen de maniobra para proteger su futuro industrial.