El uso estratégico de las minas por parte de Irán ha creado una crisis económica y militar que ha llevado a Estados Unidos a reconsiderar sus planes contra el régimen iraní. Desde la Guerra de los Petroleros en 1988, cuando EE.UU. respondió con operaciones navales masivas tras un ataque minero, las autoridades estadounidenses han sabido del potencial de estas armas baratas y eficaces. Sin embargo, durante décadas la Marina de los Estados Unidos ha subestimado este riesgo.
Según Stéphane Audrand, investigador asociado del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (Ifri), el presidente Donald Trump y su equipo militar creyeron que un ataque directo a Irán provocaría la caída del régimen. Sin embargo, Teherán demostró que con minas navales puede lograr sus objetivos sin enfrentar una guerra abierta.
Irán cuenta con un arsenal de alrededor de 5.000 minas, algunas de contacto y otras más sofisticadas, diseñadas para detonar bajo ciertas condiciones como la presencia magnética o acústica de los barcos. Este tipo de armamento ha demostrado ser tan efectivo que incluso con el alto al fuego reciente, las potencias occidentales aún deben depender en gran medida de Irán para garantizar la seguridad del paso marítimo.
Las grandes marinas occidentales como Francia y Reino Unido tienen cazaminas eficaces pero limitados en número. En total, cada una posee entre seis y diez unidades capaces de neutralizar solo unas pocas minas al día. Esta situación ha llevado a la Casa Blanca a reconsiderar sus estrategias frente a Irán.
La amenaza persistente de las minas navales en el estrecho de Ormuz ha demostrado ser un elemento clave en la política internacional, recordando a los grandes poderes que incluso armas básicas pueden tener un impacto significativo.
Redaccion basada en reportes de El País. Ver fuente original.