El ataque fue llevado a cabo por grupos insurgentes respaldados por al-Qaida, incluyendo Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) y el Frente de Liberación del Azawad (FLA), que son un movimiento separatista tuareg. Estos grupos atacaron ciudades estratégicas como Kati, Gao, Mopti y Sévaré.
Según el ministerio militar maliense, las fuerzas rebeldes utilizaron vehículos cargados con explosivos y drones armados en sus ataques. Además, se reportó que un helicóptero Mi-8AMTSh de la Corporación Africana (antigua Fuerza Wagner), fue derribado cerca de Gao.
Las fuerzas rusas retiraron a sus tropas del estratégico Kidal después de acuerdos con las autoridades malienses. El general Oumar Diarra, jefe del Estado Mayor, declaró que el ejército había neutralizado a más de 200 terroristas en todo el país.
El ataque ha sido visto como un revés para los esfuerzos rusos en la región. Según Ulf Laessing, director del programa Sahel de la Fundación Konrad Adenauer, “para Rusia este ataque ha sido una desgracia”. Además, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, expresó profunda preocupación por la violencia y subrayó la vulnerabilidad de unos 5 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria en Mali.
Desde hace años, Mali ha enfrentado una serie de conflictos con insurgentes vinculados a al-Qaida e IS, así como un movimiento separatista en el norte del país. La situación se complicó tras los golpes militares de 2020 y 2021 que llevaron a Assimi Goïta a la cabeza del junta militar.
Redaccion basada en reportes de The Guardian. Ver fuente original.