El centro de esta labor es el Herbario Etnobotánico del Piedemonte Andino-Amazónico Jajen Saima’a, ubicado en Mocoa. Este espacio es gestionado por biólogos y miembros de comunidades indígenas, como Ángela Jhoana Jacanamejoy, quien combina su formación profesional con su identidad como artesana y tejedora de la comunidad kamëntšá. Jacanamejoy, además de su rol en la conservación, vive en constante interacción con el valle, las montañas y la flora de su territorio.
El herbario no es solo una colección de plantas secas; es una biblioteca de saberes. Jorge Contreras, coordinador del herbario, explica que su enfoque es la etnobotánica, el estudio de las interrelaciones entre los seres humanos y las plantas. Este conocimiento es fundamental para que las comunidades puedan generar argumentos científicos y ancestrales sólidos ante actividades extractivas, como la megaminería de cobre, que amenaza sus fuentes de vida.
«Después, algunos sabedores y taitas que vinieron a conocer el espacio, al comienzo estuvieron un poco molestos porque veían que guardábamos las plantas secas y se preguntaban: ‘¿Para qué? Ya no tienen vida’. Entonces, se les explicó que en algún momento ese conocimiento, no solamente de nombre científico, sino de usos, podría servir como herramienta de conservación para la defensa del territorio»
La institución ha adoptado una postura ética que garantiza que todos los saberes, tanto los de la ciencia occidental como los indígenas, sean considerados válidos y estén al mismo nivel. Este enfoque diferencial busca proteger la diversidad biocultural de la zona, donde se registran 5826 especies de plantas, de las cuales 316 son endémicas.
Integrando saberes para la defensa territorial
El herbario funciona como un canal de intercambio donde los investigadores aportan técnicas de taxonomía y secado, mientras que la comunidad aporta la historia, el uso y el nombre en lengua materna de la planta. Este conocimiento es vital para la preservación de especies nativas, como el cacao, que está en riesgo de pérdida de variedades originarias, según reporta Luis Felipe Mora, ingeniero ambiental y miembro de la comunidad Cofán.
La consolidación del proyecto se remonta a 2018, cuando nació el proyecto «Guardianes del Conocimiento Botánico», parte del programa Natura Amazonas. Esta iniciativa fue liderada por Contreras y Jacanamejoy, quienes buscaron crear un espacio que trascendiera la mera recolección científica. Además, el conocimiento almacenado permite a las comunidades activar lo que llaman «genes ancestrales» para su reconocimiento en el territorio.
El impacto del herbario se ha extendido a la educación ambiental. Entre las actividades más destacadas se encuentra la publicación de un libro bilingüe sobre 25 plantas de importancia cultural y la realización de iniciativas como Nacederos, que crearon cartillas didácticas para identificar plantas guardianas de los nacimientos de agua.
Al legitimar el conocimiento indígena junto al científico, se construye una herramienta de resistencia cultural y ecológica frente a las presiones extractivas en la región.