Desertificación y sequía transforman ecosistemas desde Centroamérica hasta el Gran Chaco
La crisis de desertificación y sequía afecta ecosistemas vitales desde el Corredor Seco Centroamericano hasta la Amazonía y el Gran Chaco sudamericano. Estos impactos están transformando los medios de vida de millones de personas, amenazando la seguridad alimentaria regional.
Personas caminan sobre suelo agrietado por la sequía en Choluteca, Honduras, una zona afectada por la crisis climática y la desertificación. Foto de: FAO/Alcides Rodríguez
Especialistas advierten que estos fenómenos ya no se limitan a las zonas áridas del planeta. La degradación de suelos, la sobreexplotación hídrica y los efectos del cambio climático están alterando ecosistemas clave en Latinoamérica. Los expertos señalan que esta problemática está íntimamente ligada a los incendios forestales y a las pérdidas agrícolas.
«En estos años son mucho más frecuentes los incendios porque los bosques están más inflamables. Es un problema de la sequía, puede poner a los bosques en una condición muy vulnerable a los incendios forestales»
Ane Alencar, directora científica del Instituto de Investigación de la Amazonía (IPAM), explica que el cambio de uso de suelo para fomentar la agroindustria y la ganadería pone en riesgo los ecosistemas húmedos. Alencar detalla que un incendio requiere tres condiciones: las condiciones climáticas, la cantidad de material combustible y una fuente de ignición.Foto de archivo (2018): Directora científica del Instituto de Investigación de la Amazonía Foto: commons.wikimedia.org
Impactos del fuego en Amazonía y Chaco
Los registros documentan el aumento de esta amenaza. Un informe técnico de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) reveló que, entre 2016 y 2021, los incendios impactaron un promedio de entre 17 y 27 millones de hectáreas en la Amazonía.
La degradación no se limita a la selva amazónica. En el Gran Chaco sudamericano, que abarca partes de Argentina, Paraguay, Brasil y Bolivia, solo en el norte argentino se reportó la pérdida de 210.702 hectáreas de bosque durante 2025. Esta extensión es equivalente a diez veces el área de la Ciudad de Buenos Aires.
Marlene Quintanilla, consultora ambiental de GEO-NET, explica que la conexión entre estas regiones y los procesos de desertificación se debe a la pérdida de materia orgánica generada por los bosques ante la expansión agroindustrial. Esta deforestación rompe el ciclo natural de nutrición del suelo.
Publicidad
Además de la pérdida vegetal, Quintanilla advierte sobre impactos silenciosos como la salinidad del agua. Este fenómeno deriva del estrés hídrico y el uso intensivo de tecnologías de riego o extracción subterránea, lo cual altera químicamente las estructuras de los suelos.
El ciclo del agua se ve afectado incluso en zonas no agrícolas por estos procesos degradantes. Asimismo, la especialista subraya que los incendios contribuyen a la compactación del suelo y a la pérdida de biomasa, afectando la permeabilidad y el almacenamiento natural de agua para épocas secas.
Finalmente, se recuerda que en un par de meses, los países latinoamericanos tendrán una oportunidad global para abordar estos retos en la 17ª reunión de la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (COP17), cumbre mundial que este año tendrá lugar en Mongolia.