Verástegui, quien suma 40 años de experiencia en la escritura creativa, enfatiza que un buen guion no debe basarse en la improvisación, sino en una construcción y corrección constante. El autor sostiene que la arquitectura del libreto es lo que otorga solvencia a cualquier programa, incluso en géneros que buscan la comedia.
El catedrático advierte sobre la diferencia entre las rutinas de los cómicos ambulantes y las exigencias de la televisión. Mientras el humor callejero permite cierta improvisación, la producción televisiva requiere un cambio de lenguaje semanal para mantener el interés del público mediante una estructura sólida.
En el ámbito de las redes sociales, Verástegui señala que los productos de humor en TikTok suelen depender de la copia de formatos exitosos o de la improvisación pura. Ante esto, critica la figura de los «artistoides», quienes logran éxito económico sin cultivar el oficio mediante el estudio de la actuación o la literatura.
Desafíos del guionismo profesional
El trabajo de libretista en el país se caracteriza por ser una labor colaborativa que demanda jornadas laborales extenuantes para lograr la originalidad. El autor recordó su experiencia con el programa «JB el Imitador», donde su equipo redactaba 38 páginas originales cada semana, evitando recurrir a fuentes externas como revistas de chistes.
Sobre la naturaleza del humor en sus obras, Verástegui sostiene que este género no posee límites temáticos. No obstante, subraya la importancia de que el contenido sea «fino», manteniendo un equilibrio entre la sofisticación y la claridad para el espectador.
«Un buen guion no se improvisa: se construye, se corrige y, si es necesario, se sobrevive»
La guía técnica busca profesionalizar el sector frente a las tendencias actuales de contenido rápido. El autor resalta que la originalidad en el guion es el factor determinante para diferenciar un producto artístico serio de una simple rutina.
Redaccion basada en reportes de El Peruano. Ver fuente original.