El evento, que celebró la 70ª edición del certamen, no solo se centró en la música, sino en el debate sobre la participación de Israel. El país, cuya presencia fue motivo de boicots por parte de naciones como Irlanda, Países Bajos, Eslovenia, Islandia y España, mantuvo una tensión palpable durante la gala.
La que rodea el certamen de Viena
Aunque Dara logró la victoria con su ritmo que mezcla rap y bhangra, el segundo lugar fue ocupado por Noah Bettan, representante de Israel. Su alta puntuación generó ovaciones y, al mismo tiempo, fuertes abucheos en la sala, lo que evidenció la división que rodea la participación israelí en el concurso.
La tensión se profundizó durante las semifinales, cuando se escucharon cánticos antiisraelíes y gritos como «Stop the genocide» (Detengan el genocidio). El organismo de radiodifusión austríaco, ORF, confirmó previamente que no censuraría ninguna reacción negativa del público hacia los participantes.
«El fracaso de la Unión Europea de Radiodifusión (EBU) al suspender a Israel, como lo hizo con Rusia, es un acto de cobardía y una ilustración de doble rasero flagrante cuando se trata de Israel», declaró Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional.
La crítica se centró en que la EBU está «traicionando los valores del Concurso de la Canción Eurovisión», al otorgar esta plataforma internacional a Israel mientras el país continúa con acciones en Gaza y la ocupación de territorios palestinos. De esta situación, surgió la petición de No Music For Genocide, que emitió una carta abierta el 21 de abril, firmada por más de 1,100 artistas y trabajadores culturales, pidiendo boicot hasta que Israel sea vetado.
En cuanto a los resultados, la entrada del Reino Unido, con la canción ‘Eins, Zwei, Drei’ de Look Mum No Computer, terminó en el fondo de la tabla, obteniendo solo un punto del jurado y cero del público. Por su parte, se reportaron intentos de que el gobierno israelí orquestara el evento como una herramienta de «poder blando» (soft power).
El certamen de este año demostró ser un escenario donde la música se cruzó con el debate geopolítico, obligando a la comunidad internacional a confrontar las acusaciones de crímenes de guerra y la defensa de los derechos humanos en el contexto de Oriente Medio.