Aunque el frente ha experimentado un estancamiento de facto, la acción militar no cesa. Mientras que Ucrania ataca con mayor frecuencia las instalaciones de infraestructura de transporte de petróleo en el interior profundo de Rusia, como en Tuapsé, a orillas del Mar Negro, el Kremlin responde apagando la red móvil de internet con creciente frecuencia.
La realidad económica de Moscú se ve beneficiada por la alza global de los precios del petróleo y el gas. No obstante, la popularidad del presidente ruso, Vladimir Putin, sigue en descenso, lo que añade presión interna al régimen.
Variables geopolíticas y el futuro del conflicto
Diversos analistas occidentales, en el marco del Foro de Seguridad de Kiev, consideran que el conflicto está en un punto de inflexión. Esta percepción se atribuye, entre otras cosas, a las próximas elecciones de medio término en Estados Unidos.
Kurt Volker, ex enviado especial de la Secretaría de Estado de Estados Unidos durante el primer mandato de Donald Trump, señaló que Ucrania ha fortalecido su posición. Según él, Kiev ha logrado reducir su dependencia de las armas occidentales, cubriendo entre un 60% y un 70% de sus necesidades de combate.
«Lo que importa es la realidad. La situación en Rusia se ha deteriorado significativamente y continúa empeorando», afirmó Volker, augurando que el tiempo juega en contra de Putin.
A pesar de que el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ha manifestado temor a perder el apoyo estadounidense, Volker matizó que Washington ya no puede garantizar la entrega de misiles críticos para el sistema de defensa aérea Patriot a los niveles actuales hasta finales de año.
Evelyn Farkas, experta del Instituto McCain de la Universidad del Estado de Arizona, cree que Ucrania será capaz de resistir la presión, incluso si la administración Trump busca que el país acepte las condiciones de Rusia, como la retirada de tropas del Donbás. Además, estima que la crisis de Irán podría resolverse llegado el verano boreal.
Los analistas coinciden en que los comicios de medio mandato al Congreso de EE. UU., en noviembre de 2026, podrían ser el punto de inflexión. Farkas sostiene que el debilitamiento de Trump y su Partido Republicano podría presionar al gobierno estadounidense para que mantenga el respaldo a Ucrania y a la OTAN.
Si bien el almirante Giuseppe Cavo Dragone, presidente del Comité Militar de la OTAN, advirtió que será «difícil» terminar la guerra en el campo de batalla, Volker mantiene que las pérdidas sufridas y la cambiante situación rusa podrían obligar al Kremlin a aceptar un cese del fuego en algún momento.
En cuanto al cronograma, los expertos difieren: Volker no descarta que el cambio de rumbo ocurra este año, estimando una probabilidad superior al 50%. Por su parte, Farkas predice que 2027 será el año en que los ucranianos saldrán victoriosos.