La agenda de la cumbre promete ser igualmente tensa, abordando temas críticos como Irán, el comercio, la tecnología y Taiwán. A pesar de los desafíos, Xi Jinping ha impulsado planes ambiciosos para crear «nuevas fuerzas productivas», invirtiendo fuertemente en áreas como la energía renovable, la robótica y la inteligencia artificial.
Estos cambios se manifiestan en ciudades como Chongqing, un pujante centro industrial en el sudoeste del país. El municipio se ha convertido en un símbolo de la China moderna, adoptando nuevas tecnologías y un concepto de «ser tendencia» para mostrar un rostro más abierto al mundo.
El poder blando y la proyección de China
Según Ali Wyne, investigador del International Crisis Group, la dinámica de poder ha cambiado radicalmente. Mientras que en 2017 China se esforzó por demostrar que estaba en igualdad de condiciones con Estados Unidos, hoy esa afirmación ya no es necesaria. Washington reconoce a Pekín como un «par cercano» y, al mismo tiempo, como «posiblemente el competidor más poderoso al que se ha enfrentado EE.UU. en su historia».
«Lo que me llama la atención es que esta vez esa afirmación no es necesaria por parte de los chinos»
La propia Chongqing es un testimonio de esta ambición. Esculpida en las montañas, su arquitectura vertical, que combina carreteras en empinadas laderas con un sistema de metro subterráneo, ha sido apodada la ciudad «8D» de China, ofreciendo un paisaje que rivaliza con el poder estadounidense en múltiples sentidos.
Sin embargo, este espectacular crecimiento tiene un costo económico considerable. El gobierno local de Chongqing, con más de 30 millones de habitantes, enfrenta serios problemas de endeudamiento y un sector inmobiliario en dificultades. Además, los aranceles de Trump y la guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán están presionando la economía china, lo que se refleja en la caída de precios de la vivienda y el aumento del desempleo.
A pesar de las tensiones económicas, el dominio del Partido Comunista de China se mantiene firme. Mientras muchos ciudadanos dudan de hablar de política, la frustración económica y la búsqueda de libertad persisten. Algunos jóvenes ven en Estados Unidos un modelo de oportunidad y creatividad, aunque los lazos tensos entre las dos superpotencias hacen que ese sueño sea cada vez más incierto.