La tensión se centra en el Estrecho de Ormuz, vital para el comercio global, cuya reapertura es crucial para la economía china, ya que el país es un gran importador de petróleo de Irán y el Medio Oriente. Aunque Washington ha presionado a Beijing para que impulse a Irán a resolver la crisis, los expertos señalan que la cuestión iraní no es el tema central para ninguna de las partes en la cumbre.
El dilema de la cooperación en el Golfo Pérsico
La compleja situación obliga a Estados Unidos a buscar el apoyo de China para normalizar el tránsito en Ormuz. Sin embargo, esta necesidad de ayuda choca con los intereses estratégicos de Pekín. Los analistas advierten que, si China interviene para ayudar a resolver la crisis, es probable que exija a Washington concesiones, especialmente en lo referente a Taiwán.
“Washington entiende que puede necesitar la ayuda de Beijing para empujar a Irán de vuelta a la mesa de negociaciones, pero también es consciente de las implicaciones de buscar apoyo directamente de Pekín, ya que esto probablemente significaría darle a China la ventaja en las relaciones bilaterales.”
Esta dualidad de intereses ha sido señalada por expertos. William Yang, analista sénior del International Crisis Group, explicó que, si bien tanto China como EE. UU. desean la apertura del Estrecho de Ormuz, sus métodos preferidos para lograrlo no se alinean. Por su parte, el Secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, instó a China a intervenir, acusando a Beijing de “financiar al mayor patrocinador estatal del terrorismo”, refiriéndose a Teherán.
A pesar de las declaraciones de Trump, quien afirmó que el conflicto estaba «muy bajo control», la presión económica y política ha afectado su posición. El gobierno chino ha mantenido una postura diplomática, proponiendo un “plan de cuatro puntos para salvaguardar y promover la paz y estabilidad en el Medio Oriente”, en contraste con la estrategia militar de Washington. Además, China continúa comprando petróleo a Irán a pesar de las sanciones estadounidenses.
Históricamente, antes de esta crisis, el tema de Irán era un asunto secundario en la rivalidad entre EE. UU. y China. No obstante, la creciente influencia económica y regional de China ha consolidado a Pekín como el principal competidor global de Washington, un desafío que la estrategia de seguridad nacional estadounidense reconoció formalmente en 2017.