El ataque, que marcó el retorno de una industria criminal lucrativa, ocurrió mientras la guerra con Irán intensificaba la tensión en la región. El capitán del petrolero, Ashari Samadikun, logró esquivar proyectiles cerca del estrecho de Ormuz antes de que el buque cayera en las manos de los piratas. Los secuestradores, armados con fusiles AK-47 y lanzacohetes RPG, obligaron a la tripulación a agruparse y confiscaron todos los teléfonos.
La amenaza no se detuvo en el Honour 25. En un plazo de dos semanas, los grupos criminales también secuestraron el buque mercante Sward, cargado de cemento, y el petrolero Eureka, propiedad de Emiratos Árabes Unidos. Estos incidentes llevaron a los buques hacia la región de Puntlandia, el centro de la piratería en Somalia.
La Fuerza Naval de la Unión Europea (Eunavfor), que supervisa las operaciones antipiratería, advirtió sobre el peligro creciente. Según la organización, los piratas pueden percibir la crisis en el estrecho de Ormuz como una nueva ventana de oportunidad para reanudar sus actividades ilegales.
«Los grupos piratas pueden percibir la crisis en el estrecho de Ormuz como una nueva ventana de oportunidad para reanudar sus actividades ilegales», declaró a la BBC la Fuerza Naval de la Unión Europea.
La situación se complica con la amenaza de los hutíes en el Mar Rojo. Sofia Galani, profesora asistente en la Universidad Panteion de Atenas y consultora académica de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), estimó que la combinación de riesgos podría convertir la región, desde el Mar Arábigo hasta el Cuerno de África, en un entorno operativo altamente peligroso.
Históricamente, la piratería somalí alcanzó su punto máximo en 2011, cuando se reportaron 237 incidentes. Entre 2005 y 2012, los pagos de rescate sumaron hasta US$413 millones, y se estima que la actividad pudo costar a la economía global unos US$18.000 millones anuales en interrupciones del comercio.
Además, el peligro se ha extendido hacia el norte. El petrolero MT Eureka fue tomado por la fuerza frente al puerto de Qana, controlado por el gobierno yemení, el 2 de mayo. Yazeed al Jeddawy, coordinador de investigación en el Centro de Estudios Estratégicos de Saná, señaló que estos incidentes podrían formar parte de un patrón organizado, sugiriendo que los beneficios para actores vinculados a Irán o a los hutíes serían estratégicos, más allá de lo puramente financiero.
La inestabilidad en Medio Oriente no solo crea posibles vacíos de seguridad que los piratas somalíes pueden aprovechar, sino que también exacerba las causas estructurales de la crisis marítima en la zona.