Perú

Pescadores artesanales en Matarani impulsan recuperación del erizo rojo

En la costa sur de Arequipa, pescadores artesanales como Juan Huari y Wilmer Oxsa realizan labores diarias en Matarani, extrayendo erizo rojo (*Loxechinus albus*) y otras especies bentónicas. Esta actividad no solo sustenta a las familias locales, sino que es clave para la recuperación del ecosistema marino.

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Pescadores en el puerto de Matarani trabajan con erizos rojos bajo condiciones climáticas adversas. Foto de: Roberth Orihuela

La jornada comienza temprano en el puerto de Matarani, donde los pescadores preparan sus embarcaciones para adentrarse en los bosques marinos de macroalgas. Para realizar la extracción, Huari y Oxsa utilizan equipos especializados: un traje de neopreno negro para proteger al buzo del frío del Pacífico y una compresora de aire que provee el oxígeno necesario para las profundidades.

«Hasta antes de 2014 la extracción de erizo rojo era indiscriminada, una competencia entre buzos. El que tenía mejores condiciones sacaba varios sacos y sacos, no había límite», relata Wilmer Oxsa.

El problema se agravó al ignorar las regulaciones; el experto Stevens Lucero Pérez, del Instituto del Mar Perú (Imarpe), explica que la Resolución Ministerial 209-2001-PE establece un tamaño mínimo de siete centímetros para la pesca del erizo rojo. Sin embargo, los buzos solían extraer ejemplares muy pequeños.

El pacto voluntario por el ecosistema

Ante la disminución crítica de la población y el riesgo de agotamiento total, los propios pescadores tomaron una decisión trascendental: detener la extracción. Esta veda fue un acuerdo autoimpuesto que marcó un punto de inflexión en la gestión del recurso.

Foto de archivo (2013): Puerto de Matarani, Arequipa
Foto: commons.wikimedia.org

La importancia ecológica del erizo rojo es fundamental para mantener el equilibrio en las profundidades marinas. Este equinodermo se alimenta principalmente de algas, lo cual regula los bosques marinos y evita su proliferación excesiva, proceso que podría «bloquear» la distribución natural de otros mariscos.

La solución a este desafío no fue impuesta por el Estado. Fue un pacto colectivo: 156 miembros de las siete Organizaciones Sociales de Pescadores Artesanales (OSPAS) de Matarani y Mollendo coincidieron en que la supervivencia del recurso dependía de su propia conservación, iniciando restricciones voluntarias desde 2015.

El compromiso fue tan fuerte que los pescadores se auto-autorregularon sin necesidad de una autoridad sancionadora. La riqueza del mar peruano, aunque a veces austera, sigue siendo evidente, como lo demuestra la actividad complementaria de pesca con anzuelos en nylon realizada por otros tripulantes.

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Redacción basada en reportes de Mongabay Perú. Ver fuente original.

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