El presidente boliviano, Rodrigo Paz, anunció este miércoles que reorganizará su gabinete ministerial en un esfuerzo por reducir la tensión ante las protestas masivas y la crisis económica. La medida surge en medio de semanas de manifestaciones anti-gobierno que han puesto en jaque la estabilidad política del país.
Imagen de la cobertura sobre Bolivian president to reshuffle cabinet amid antigovernment protests. Foto de: Aizar Raldes/AFP
Desde que asumió el cargo en noviembre, el gobierno de Paz, de orientación derecha, ha enfrentado una fuerte oposición debido a las medidas de reestructuración económica. Entre estas reformas se incluyen recortes controvertidos a los subsidios de combustible, lo que ha sumido a Bolivia en una de sus peores crisis económicas en décadas. Miles de agricultores, obreros, mineros y maestros han salido a las calles para denunciar las políticas de libre mercado impulsadas por la administración.
Ante el creciente descontento, Paz declaró que es necesario «reorganizar un gabinete que debe ser capaz de escuchar». Sin embargo, las tensiones persistieron, y las fuerzas policiales de choque se enfrentaron nuevamente a los manifestantes en la capital, La Paz, a principios de esta semana. Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores boliviano, encabezado por Fernando Aramayo, calificó las manifestaciones y los bloqueos de carreteras como acciones destinadas a desestabilizar el orden democrático.
La crisis boliviana no solo es interna. El gobierno de Paz ha recibido apoyo explícito de Estados Unidos, mientras que figuras de la izquierda boliviana y países vecinos han criticado la situación. El expresidente Evo Morales, figura de la izquierda, ha manifestado su apoyo a las protestas. No obstante, el gobierno de Paz lo ha acusado de fomentar el malestar social.Manifestantes en las calles durante la crisis política Foto: commons.wikimedia.org
«No debe haber error: Estados Unidos se mantiene firmemente en apoyo al gobierno constitucional legítimo de Bolivia. No permitiremos que criminales y narcotraficantes derroquen a líderes democráticamente electos en nuestro hemisferio.»
En el ámbito diplomático, la situación se tensó cuando el Ministerio de Relaciones Exteriores boliviano anunció que solicitaría la salida del embajador colombiano. Esta acción se fundamentó en acusaciones de injerencia en asuntos políticos internos. Por otro lado, el presidente colombiano, Gustavo Petro, criticó las manifestaciones, calificándolas como una «insurrección popular».
El contexto político más amplio muestra la pugna entre las dos fuerzas opuestas. El gobierno de Paz, cuya elección marca un giro hacia la derecha después de casi dos décadas de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), ha visto a Evo Morales, quien sigue ejerciendo influencia, enfrentar cargos de violación estatutaria y con una orden de arresto vigente. Sus aliados, sin embargo, consideran que estos cargos son un intento de despojarlo de su vida política.
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El país atraviesa un periodo de profunda inestabilidad. La crisis económica, sumada a las protestas, ha generado un clima de alta tensión política y social en Bolivia.