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Noruega aumenta producción petrolera mientras promueve energías limpias
Noruega, considerada uno de los países más verdes del mundo, enfrenta una paradoja: mientras impulsa la descarbonización internamente y exporta electricidad renovable, es también el mayor exportador global de gas y petróleo. Esta contradicción se ha intensificado con el aumento de precios globales debido a conflictos en Medio Oriente.
La paradoja noruega se refiere al hecho de que, aunque Noruega promueve energías limpias internamente —con un 98% de su electricidad proveniente de fuentes renovables y nueve de cada diez autos nuevos vendidos en 2024 siendo eléctricos— el país no ha dejado de aumentar su producción de gas y petróleo, combustibles que exporta masivamente. Estos recursos son la principal fuente de ingresos del Estado noruego y sostienen el famoso Fondo Soberano (Fondo del Petróleo), que garantiza la solvencia del sistema de pensiones y del estado del bienestar.
El aumento de los precios globales provocado por conflictos en Medio Oriente ha generado enormes beneficios para Noruega. Desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el país ha ingresado US$5.000 millones adicionales y su Bolsa de Oslo ha batido récords liderada por las compañías energéticas locales. Truls Gulowsen, presidente de Amigos de la Tierra Noruega, considera que esta situación es vergonzosa para un ambientalista.
El gobierno noruego sostiene que la paz es beneficiosa para el país, pero la realidad indica lo contrario: cuando hay inestabilidad global, Noruega se enriquece. En 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, Noruega se convirtió en el último proveedor fiable de gas y petróleo para Europa, proporcionando alrededor del 30% del gas y un 15% del petróleo que consume el continente.
Según Thina Saltvedt, analista de Nordea, la inestabilidad global ha llevado incluso a los partidos más «verdes» a aceptar que el gas noruego es un «mal necesario» para la seguridad europea. El gobierno del primer ministro Jonas Gahr Støre ofreció recientemente 57 nuevas licencias de exploración y prometió seguir buscando más petróleo para entregarlo a Europa, apostando por desarrollar la industria en lugar de establecer fases de salida.
La paradoja noruega ha generado un intenso debate político y social. Mientras los ambientalistas reclaman compromisos concretos y calendarios para reducir el negocio petrolero, el sector energético reivindica su importancia económica y sus cientos de miles de empleos generados.
Además, Noruega posee desde hace décadas una de las infraestructuras más limpias de Europa gracias a su red hidroeléctrica. En 1991, el gobierno impuso un impuesto al carbono para fomentar energías limpias; en 2005, los incentivos convirtieron al país en líder mundial en autos eléctricos y, en 2017, aprobó la Ley del Clima para reducir las emisiones un 50% antes de 2030.
Cada vez más gente se da cuenta de que hay una puesta de sol en el horizonte. Pero va a ser dolorosa.
Redaccion basada en reportes de BBC Mundo. Ver fuente original.