Los registros penitenciarios de la primera cárcel de Epstein, donde cumplió una pena de 13 meses por solicitar sexo a una menor, confirman que Marcinko lo visitó al menos 67 veces. La relación se inició en Nueva York en 2003, en una fiesta de cumpleaños de Jean-Luc Brunel, amigo íntimo del financiero. Desde sus inicios, la dinámica de poder fue marcada por la diferencia de edad y riqueza, ya que Epstein tenía 50 años y ella, 32.
El contexto legal de Nadia Marcinko novia Epstein
Marcinko es una de las cuatro mujeres que fueron señaladas como «posibles cómplices» en un acuerdo judicial de 2008 que les otorgó inmunidad judicial. Aunque sus abogados defienden su postura de víctima de coacción, las mujeres que testificaron sobre los abusos en Palm Beach, Florida, declararon a la policía que ella participó en dichos abusos. Esta contradicción plantea preguntas sobre si una víctima de coacción sexual puede ser considerada cómplice.
Según la investigación de BBC Mundo, los correos electrónicos entre Marcinko y Epstein revelan que, además de su relación, él le pidió que reclutara a otras mujeres para satisfacer sus deseos sexuales, algo que ella habría aceptado. A pesar de su estatus de novia principal, los mensajes también reflejan un control dominante por parte de Epstein. Tras la muerte del financiero en prisión en 2019, Marcinko desapareció de la vida pública.
En declaraciones a investigadores federales, Marcinko afirmó que Epstein controlaba todos los aspectos de su vida, incluyendo su peso y vestimenta. Además de esto, denunció que él era físicamente violento, acusándolo de estrangularla y empujarla por las escaleras. Estos testimonios de abuso contrastan con las pruebas de su participación en la vida de él.
«Quiero que aprendas a cocinar huevos: revueltos, escalfados, fritos… y también camarones: a la parrilla, al horno, cocidos, así como las salsas para acompañarlos. Quiero que prepares bebidas a base de fruta fresca. Quiero que aprendas a poner la mesa y a presentar los platos. Quiero que aprendas a llevar una casa. No quiero discusiones de lunes a viernes; cualquier problema debe esperar al fin de semana. Se acabó quejarse por todo; ya he tenido suficiente para el resto de la vida. Quiero que leas uno de los 100 grandes libros cada mes; hay una lista fácilmente accesible. Quiero que hagas ejercicio cuatro veces por semana, todas las semanas. Quiero que escribas 60 palabras por minuto. Solo quiero cosas bonitas en la casa. No puedes meter nada sin que yo lo vea primero.»
La complejidad del caso sigue en el centro de la atención de los legisladores estadounidenses, quienes buscan investigar a las cuatro mujeres señaladas, incluyendo a Marcinko, a pesar del acuerdo legal previo. El caso subraya la difícil línea entre la victimización y la complicidad en el contexto de abusos de poder.