Irán ha presentado a la FIFA diez condiciones para su participación en la Copa del Mundo, que comienza este 11 de junio en EE.UU., México y Canadá. Entre las demandas, que fueron publicadas ese fin de semana, está la de garantizar que todos los jugadores, entrenadores y funcionarios que viajen con el equipo puedan recibir las visas adecuadas, incluyendo aquellos que cumplieron con su servicio militar obligatorio en el la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI). Esta fuerza está en la lista de grupos terroristas del gobierno de Canadá y EE.UU., y la relación de Taj con el CGRI fue la causa de que le denegaran la entrada a Canadá.
Irán también está buscando garantías para el trato que tendrá su equipo como, por ejemplo, respeto a la bandera iraní y el himno nacional, además de la seguridad en aeropuertos, hoteles y estadios durante la Copa del Mundo. Algunas de las peticiones probablemente resulten más fáciles de gestionar para la FIFA que otras. La FIFA puede controlar la logística del evento, los protocolos oficiales y el trato que se le da a las delegaciones durante la competencia. Pero asuntos como las visas, el control de fronteras y la seguridad están bajo la órbita del país anfitrión, en este caso EE.UU.
Irán disputará sus partidos en las localidades de Inglewood, California y Seattle. El Secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, ya ha declarado que los futbolistas iraníes serán bienvenidos en el torneo, aunque advirtió que las personas con vínculos con el CGRI aún podrían enfrentar restricciones para entrar en Estados Unidos. Eso deja a la FIFA ante un delicado equilibrio entre garantizar la participación de todos los equipos clasificados y navegar las realidades políticas que rodean las relaciones entre Teherán y Washington.
Israel y Estados Unidos lanzaron ataques a gran escala contra Irán el pasado 28 de febrero. Irán respondió con bombardeos contra Israel y aliados de Estados Unidos en el Golfo. Desde entonces, los combates han quedado en gran medida suspendidos bajo un frágil alto el fuego. Es posible que algunas de las demás peticiones de la federación iraní también resulten difíciles de aplicar en la práctica. Según se ha informado, funcionarios iraníes han pedido a los periodistas que eviten preguntas más allá de «cuestiones técnicas de fútbol». Pero en el caso de Irán, la frontera entre el fútbol y la política suele ser difusa.
Las preguntas sobre la selección del equipo, el apoyo público a la selección nacional o el ambiente en torno a los partidos pueden tener simultáneamente dimensiones tanto deportivas como políticas. Esto quedó patente en la Copa Asiática femenina en Australia en marzo, cuando varias jugadoras iraníes intentaron solicitar asilo, lo que desencadenó un tenso enfrentamiento diplomático. Siete miembros del equipo recibieron visados humanitarios mientras estaban en Australia, pero cinco cambiaron de opinión y regresaron a su país. El seleccionador masculino iraní, Amir Ghalenoei, reconoció recientemente que ambientes cargados políticamente podrían rodear algunos partidos de Irán en el Mundial.
Redaccion basada en reportes de BBC Mundo. Ver fuente original.