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Hitomi Soga revela detalles del programa de secuestro de Corea del Norte
La historia de Hitomi Soga, una joven japonesa capturada en 1983, reveló las dimensiones de un programa de secuestro de ciudadanos por parte de Corea del Norte. La mujer permaneció en cautiverio durante 24 años antes de ser liberada y reunirse con su familia en Japón.
El incidente ocurrió en la isla de Sado, donde Soga y su madre fueron interceptadas por tres hombres mientras regresaban a su hogar. Tras ser vendadas y trasladadas en embarcaciones, la joven fue recluida en un cuartel militar en territorio norcoreano durante más de dos décadas.
Durante su cautiverio, Soga permaneció aislada y bajo vigilancia constante, sin conocer el paradero de su madre ni las razones de su detención. Una teoría sugiere que las autoridades norcoreanas utilizaban a los capturados como «libros de texto vivientes» para que espías aprendieran el idioma y las costumbres japonesas.
En 1980, las autoridades permitieron que Soga se casara con Charles Jenkins, un soldado estadounidense que había desertado en 1965. El matrimonio fue utilizado como una herramienta de propaganda eficaz para el gobierno de Corea del Norte ante la comunidad internacional.
Foto: www.bbc.com
A pesar de las condiciones adversas, Soga desarrolló un vínculo afectivo con su esposo y tuvieron dos hijas. La pareja no contaba con empleos formales y debía cumplir con una rutina estricta de labores agrícolas bajo la supervisión del Estado.
El reconocimiento internacional y el retorno
En 2002, durante una cumbre para mejorar las relaciones entre Japón y Corea del Norte, el entonces líder supremo Kim Jong-il admitió haber secuestrado a 13 de las 17 personas identificadas por las autoridades japonesas. Este hecho permitió que Soga fuera autorizada para viajar a Japón y reencontrarse con su padre y su hermana.
Foto: www.bbc.com
Tras el reencuentro, Soga decidió permanecer en Japón, mientras que su esposo cumplió una condena de 30 días por deserción antes de que la familia pudiera mudarse a la isla de Sado en 2004. Actualmente, la mujer dedica sus esfuerzos a la campaña para localizar a los demás ciudadanos que aún permanecen desaparecidos.
Soga relata los momentos de soledad durante sus años de cautiverio en el cuartel militar:
«Salía del cuartel, miraba al cielo, veía la luna y las estrellas, y lloraba pensando en mi familia en Japón y en cuándo volvería a verlos. Siempre guardé eso en mi corazón. Tenía la esperanza de que todo esto llegaría a su fin, y esa esperanza nunca desapareció».
El esposo de Soga, Charles Jenkins, falleció en Japón en 2017, dejando a la mujer como una de las voces principales en la búsqueda de los otros secuestrados entre 1977 y 1983.
Redacción basada en reportes de BBC Mundo. Ver fuente original.