La participación de Haití en la Copa Mundial de la FIFA 2026, un evento de inmenso orgullo nacional, está empañada por el temor de la comunidad inmigrante. Este miedo se centra en la posible actividad de las autoridades de control migratorio (ICE) en los Estados Unidos, donde se celebrarán varios de sus partidos.
Activistas de inmigración protestan frente a las oficinas de FIFA en Florida, exigiendo que se prohíba la presencia de ICE en los eventos del Mundial. Foto de: Marco Bello/Reuters
Haití debutará en la Copa Mundial en la edición de 2026, con su primera aparición en el torneo desde 1974. El país se enfrentará a Escocia el 14 de junio en Gillette Stadium, en Foxborough, Massachusetts. El estado de Massachusetts es clave, ya que alberga a 87.000 haitianos, según cifras gubernamentales, lo que lo convierte en una de las mayores diásporas en EE. UU. Los tres partidos de la fase de grupos de Haití se llevarán a cabo en territorio estadounidense, incluyendo encuentros contra Brasil en Filadelfia, Pensilvania, y Marruecos en Atlanta, Georgia.
A pesar del entusiasmo, la preocupación por las políticas migratorias de Estados Unidos genera incertidumbre. Emile, un camionero haitiano de Ohio, expresó su temor a asistir a un partido por la posible detención por parte de ICE. Este sentimiento es compartido por muchos miembros de la comunidad inmigrante, quienes han presenciado operaciones de las autoridades que han sido descritas como brutales en diversas ciudades estadounidenses.
«Ahora, la gente se está asegurando de que son conscientes de lo que están haciendo y no se sienten seguros» —declaró Monica Sarmiento, de la Virginia Coalition for Immigrant Rights, ante la agencia AFP. Sarmiento señaló que «el setenta por ciento de las personas arrestadas, detenidas y deportadas no tienen antecedentes penales».
Tensión laboral y preocupación por el estatus migratorio
La preocupación no solo es comunitaria, sino también laboral. El sindicato UNITE HERE Local 11, que representa a unos 2.000 empleados de hostelería en Los Ángeles, decidió ir a la huelga si los agentes federales de inmigración son desplegados en el SoFi Stadium para los encuentros de la Copa Mundial. Isaac Martinez, un cocinero del estadio, declaró: «ICE no debe tener ningún papel en estos juegos. No queremos vivir con miedo al venir a trabajar, ni con miedo a ser detenidos al irnos».
La situación se complica por el temor a que el gobierno de Estados Unidos, bajo la administración Trump, busque poner fin al estatus de protección temporal que beneficia a muchos inmigrantes. Esta condición previene su deportación a sus países de origen, naciones que enfrentan crisis económicas y violencia de pandillas. Además, más de 120 organizaciones de derechos civiles estadounidenses emitieron una advertencia de viaje en abril, alertando sobre el «riesgo de graves violaciones de derechos» para aficionados y periodistas.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS), agencia que agrupa a ICE, aseguró que «los visitantes internacionales que vienen legalmente a Estados Unidos para la Copa Mundial no tienen nada de qué preocuparse». Sin embargo, el impacto de estas políticas se extiende a la vida diaria de la comunidad hispana, que constituye el 20% de la población estadounidense y se concentra en estados como California, Texas y Florida.
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En términos estadísticos, la comunidad haitiana en 2024 era de aproximadamente 850.000 personas, concentradas principalmente en Miami y Nueva York. Por otro lado, la Copa Mundial de 2026 se llevará a cabo en Estados Unidos, Canadá y México, siendo el torneo un evento que, además de preocupaciones migratorias, plantea el problema de la accesibilidad económica. Los boletos para el encuentro inaugural de la Copa Mundial de Qatar 2022 costaron $302, cifra que subió desde los $220 de Rusia.
En contraste, los precios de los boletos para el partido de apertura de Estados Unidos contra Paraguay, programado para el 12 de junio, fueron de $1.120, $1.940 y $2.735. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, defendió estos altos costos, explicando que el evento es la única fuente de ingresos de la organización cada cuatro años.
El torneo, que contará con 78 de los 104 partidos en EE. UU., es un evento de gran magnitud que, además de la tensión migratoria, obliga a la comunidad a considerar el alto costo de la asistencia, lo que amenaza con alejar a muchos aficionados de sus propias celebraciones nacionales.