Desde el inicio de las hostilidades, los ataques israelíes han afectado gravemente la infraestructura académica del país. Según la UNESCO, desde marzo, el conflicto ha desplazado a más de 1.2 millones de personas en Líbano, entre ellas 500.000 niños en edad escolar. Además, 339 escuelas se encuentran ubicadas en zonas de guerra, y cientos más funcionan como refugios colectivos, lo que afecta el acceso a la educación de aproximadamente 250.000 niños.
Ante el colapso de las aulas, las instituciones han recurrido al aprendizaje en línea. Sin embargo, los expertos señalan que este método resulta ineficaz para muchos estudiantes, especialmente aquellos de familias de bajos ingresos. La inestabilidad continua, que incluye la revolución de octubre de 2019, la pandemia de COVID-19 y la guerra actual, ha interrumpido el ciclo escolar en Líbano desde 2019.
La crisis económica y el impacto en la ciudadanía
La situación educativa se agrava por el colapso económico. El aumento de la pobreza obliga a las familias a tomar decisiones imposibles, priorizando entre pagar transporte, alimentos o mantener a sus hijos conectados a internet para estudiar. Esta presión económica está impulsando el aumento de casos de trabajo infantil y matrimonio precoz, lo que supone un riesgo directo para el futuro de la nación.
«La misión de un sistema educativo es construir ciudadanos. No queremos enfrentarnos al hecho de que hemos perdido una generación»
Los educadores, pilares de cualquier sistema, también sufren el impacto de la guerra. Los salarios de los maestros disminuyeron cerca de un 80 por ciento desde 2019 debido a la crisis de divisas. Esta precarización profesional ha provocado que el 30 por ciento del sector abandone el país o cambie de profesión, además de que muchos enfrentan amenazas a su vida.
El impacto de la crisis no es uniforme. Los expertos advierten que la desigualdad educativa se está acentuando, donde la geografía y el estatus socioeconómico determinan si un niño puede acceder al aprendizaje. Los estudiantes del sur han dejado de asistir a la escuela por la inseguridad y el desplazamiento. Por su parte, el Centro de Estudios de Políticas Libanesas reveló que el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de ingresos, pasó de 0,32 en 2011 a 0,61 en 2023.
Aunque el Ministerio de Educación y otras ONG están implementando soluciones como turnos múltiples en escuelas públicas y centros de aprendizaje temporales, la combinación de la crisis económica y la reducción global de la ayuda humanitaria dificulta la búsqueda de soluciones para las familias. Los expertos señalan que el sistema educativo, aunque puede resistir un shock, se enfrenta a choques superpuestos que han mermado la estabilidad y el bienestar de estudiantes y maestros por igual.