Antes del conflicto, la Unión Europea (UE) esperaba aumentar sus importaciones de GNL para reducir su dependencia del gas ruso. Sin embargo, los daños en Ras Laffan han reducido la capacidad de producción en un 17%, lo que podría afectar las entregas y aumentar los precios a nivel mundial.
La empresa QatarEnergy, operadora del complejo, ha invocado la fuerza mayor para suspender algunas entregas. Esto, junto con otras interrupciones en el Golfo Pérsico, ha reducido los suministros mundiales de GNL en un 20% interanual, lo que ha llevado a un aumento en los precios al contado.
Italia y Alemania son los países más afectados por esta situación. La italiana Edison se encuentra entre las empresas cuyos contratos con QatarEnergy han sido suspendidos, mientras que Alemania, que no depende del GNL qatarí, está expuesta al choque de precios debido a que el gas representa casi el 30% de su combinación energética.
La Agencia Internacional de la Energía proyecta que los suministros mundiales de GNL durante 2026-2030 estarán alrededor de un 15% por debajo de los pronósticos de antes de la guerra, con la mayor parte del déficit concentrado en 2026-2027.
La UE tendrá que lidiar con el impacto de las interrupciones del GNL durante años, lo que podría profundizar su dependencia del GNL estadounidense y aumentar las presiones para que levante las sanciones a los hidrocarburos rusos. Además, la perspectiva industrial se verá afectada por los altos costes energéticos, dejando a sectores como la química, los fertilizantes o el acero en mayor desventaja frente a sus rivales de EEUU y China.
La estrategia de Bruselas para escapar del gas ruso está ahora atrapada en la reparación de Ras Laffan. Esto otorgará a Washington y Moscú una nueva influencia sobre Europa, mientras oscurece aún más una perspectiva industrial ya sombría.
En el corto plazo, los europeos no tienen una salida fácil de este apretón del GNL.
Redaccion basada en reportes de El Confidencial. Ver fuente original.