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La física Alejandra Jáidar impulsó el acelerador de partículas en México
La trayectoria de la física Alejandra Jáidar en México fue fundamental para que el país albergara uno de los aceleradores de partículas más antiguos del mundo. Su legado científico y personal continúa vigente en el Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
A finales de julio de 1988, la científica recibió una llamada del físico Eduardo Andrade desde las instalaciones de la UNAM para confirmar que el acelerador había comenzado a operar. Este momento, descrito como un hito de «emotividad humana y académica», ocurrió apenas dos meses antes de que Jáidar falleciera a los 51 años.
La investigadora fue una pionera en su campo y enfrentó barreras culturales para consolidar su carrera. Su padre, originario del Líbano, inicialmente no favorecía que estudiara ciencias exactas por considerarlas carreras masculinas; sin embargo, ella logró establecerse como una de las científicas más destacadas del país.
Su determinación no solo benefició su camino profesional, sino también el de sus hermanas. Según relata su sobrino Leonardo Patiño en el documental «Cartas a Alejandra», la científica se enfrentó a las resistencias familiares para asegurar que sus hermanas pudieran cursar estudios universitarios sin restricciones.
Un legado de independencia y ciencia
La historia de Jáidar está marcada por una notable autonomía personal. En su juventud, desafió normas sociales al infiltrarse en una mina de mercurio en Guerrero disfrazada de hombre para cumplir con tareas laborales, demostrando una determinación que sus familiares describen como la de un «torbellino».
Su impacto en la comunidad académica es profundo y persistente. Actualmente, su familia y allegados consideran que su legado permanece vivo en el Instituto de Física de la UNAM, donde se gestaron los avances tecnológicos que hoy forman parte del patrimonio científico mexicano.
Foto: commons.wikimedia.org
La formación de Alejandra estuvo influenciada por una mezcla de cultura caribeña y disciplina académica. Además de su labor en la física, era reconocida por sus habilidades artísticas, como el piano y el canto, y por su rol como madre y tía dedicada a pesar de las exigencias de la investigación.
El legado de la científica es un testimonio de perseverancia en las ciencias exactas. Su historia resalta cómo la determinación individual puede abrir caminos para futuras generaciones de mujeres en la ciencia en México.
Redacción basada en reportes de BBC Mundo. Ver fuente original.