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Cuba: entre el colapso y la transición
Cuba opera con una doble estrategia diplomática: resistir a Estados Unidos y, simultáneamente, negociar con Washington. Ante el colapso económico, el desabastecimiento petrolero y las sanciones, el Gobierno cubano se ve obligado a balancear su resistencia y su necesidad de negociar para evitar un derrumbe total de su economía.
El futuro de la isla se dirime entre la continuidad de la Revolución y la administración de un desacuerdo bilateral. Este complejo escenario se nutre de dos crisis interconectadas: una estructural, marcada por el agotamiento del modelo económico adoptado desde la alianza con Venezuela, y una coyuntural, detonada por la sucesión venezolana y el entendimiento energético entre Caracas y la Administración de Donald Trump.
Doble crisis: la economía y las sanciones en Cuba
La economía cubana ha entrado en una parálisis profunda debido a la pérdida del abastecimiento petrolero proveniente de Venezuela, México y Rusia. Los indicadores estadísticos muestran una caída en franca aceleración desde fines de la década pasada. De acuerdo con los economistas, el Producto Interno Bruto (PIB) cubano en precios constantes comenzó a caer de manera sostenida desde 2015, desplomándose un -10,9% en 2020.
El sector turístico ha sido particularmente afectado. Según Omar Everleny Pérez Villanueva, entre 2018 y 2024, el turismo cubano cayó en más de un 50%. Antes de la presidencia de Joe Biden, la isla recibía poco menos de cinco millones de visitantes anuales; tras el regreso de Trump a la Casa Blanca, la afluencia descendió a menos de dos millones.
El deterioro no se limita al turismo. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Plan de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) registra un retroceso: entre 2022 y 2024, Cuba habría pasado de los puestos 90 a los 100 en las listas de desarrollo. Paralelamente, la generación eléctrica sufrió deprimidos niveles debido al descenso del abastecimiento petrolero y la falta de mantenimiento, lo que provocó apagones masivos en 2024.
Además de la crisis económica, la isla enfrenta una grave crisis demográfica. Juan Carlos Albizu-Campos, demógrafo, advirtió que, para 2024, la población de Cuba había descendido un 7%, quedando poco más de ocho millones de habitantes. Este éxodo masivo, que se disparó entre 2020 y 2024, ha sido alimentado por el rechazo al sistema y por el aumento de la llegada de migrantes de otras nacionalidades.
La paradoja actual de Cuba es que su política exterior promueve una resistencia a la hegemonía de Washington, mientras que su economía depende críticamente de ingresos exógenos, especialmente provenientes de Estados Unidos. La situación de la isla ilustra cómo la combinación de factores internos y las sanciones externas están generando una profunda incertidumbre.
Finalmente, el contexto de la crisis se ve agravado por el aumento de la pobreza y la desigualdad en la isla, lo que subraya la complejidad del desafío que enfrenta el país en el panorama regional.
Redaccion basada en reportes de El País. Ver fuente original.