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Afganistán enfrenta la peor crisis humanitaria y de derechos con recorte de ayuda
Cinco años después de la retirada de Estados Unidos y el regreso de los talibanes, Afganistán enfrenta una de las peores crisis humanitarias y de derechos humanos del mundo. La combinación de desastres naturales y la falta de atención global ha llevado al país a un profundo deterioro, exacerbando la crisis Afganistán y afectando especialmente a mujeres y niñas.
El país, que fue pieza clave de la política exterior estadounidense —donde los contribuyentes pagaron US$ 2,3 billones por una guerra de 20 años—, ha visto cómo su atención mundial disminuye drásticamente. Los donantes internacionales han recortado la ayuda humanitaria, que era necesaria para aproximadamente el 45 % de la población, desde que los talibanes retomaron el poder. Este desplome en el apoyo financiero ha afectado la capacidad de las organizaciones locales para operar.
«Para ser muy franco: ser mujer en Afganistán es un infierno» declaró John Sopko, exinspector general especial para la Reconstrucción de Afganistán, en una entrevista con CNN. Añadió que la comunidad internacional, incluyendo a la administración Trump, no está haciendo nada para mitigar la situación, sino que la está agravando.
Restricciones legales y el «apartheid de género»
Los talibanes mantienen un ataque constante contra los derechos de mujeres y niñas, socavando protecciones legales y privándolas sistemáticamente de su autonomía. Expertos han calificado este sistema de “apartheid de género”, pues las acciones del grupo han logrado borrar a la mitad de la población de la vida pública y han convertido a Afganistán en uno de los lugares más peligrosos del mundo para ser mujer.
Foto: commons.wikimedia.org
La violencia contra las mujeres está, en la práctica, avalada por la ley. En marzo, los talibanes emitieron un decreto que permite a los hombres golpear a sus esposas, siempre que no les causen heridas visibles ni roturas óseas. Además, un segundo decreto dificulta la disolución del matrimonio y elimina la edad mínima legal para contraerlo, que estaba fijada en los 16 años. Amnistía Internacional y el Comité de los Derechos del Niño de la ONU advierten que esto legitima el matrimonio infantil.
La represión se desarrolla en paralelo a los recortes de ayuda. La financiación humanitaria total para Afganistán ha caído casi un 70 % desde 2022. ONU Mujeres informa que la mitad de las mujeres afganas ahora solo salen de casa una o dos veces al mes, un aislamiento que está generando una grave crisis de salud mental; siete de cada diez mujeres describen su salud mental como “mala” o “muy mala”.
La situación educativa es crítica: Afganistán es actualmente el único país donde se prohíbe a las niñas continuar su educación más allá del sexto grado. La UNESCO estima que 2,4 millones de niñas están excluidas de la escuela. Además, la mayoría de las mujeres se les ha impedido acceder a empleos y se les ha ordenado cubrirse el rostro en público.
Foto: commons.wikimedia.org
Los niños y las madres pagan las consecuencias de este colapso. Según un informe de Save the Children, uno de cada diez niños afganos padece desnutrición aguda, y la emaciación, la forma más amenazante de desnutrición, está en aumento. Se prevé que más de once millones de niños necesiten asistencia humanitaria este año, aunque cerca de 600 centros sanitarios han cerrado debido a los recortes.
La economía del país ofrece escasa ayuda a las familias, pues la mayoría sobrevive gracias al comercio informal. Históricamente, durante la ocupación estadounidense, gran parte de los hogares rurales dependió del opio para ingresos. Paradójicamente, Washington gastó casi US$ 9.000 millones en una política antinarcóticos que, según expertos, contribuyó a afianzar la economía basada en las drogas de los talibanes.
Redacción basada en reportes de CNN en Español. Ver fuente original.